Sin embargo, el análisis no se detiene solo en los resultados. El apuro del hincha por lograr el tan ansiado ascenso es cada vez más evidente, y eso impacta directamente en la mirada sobre el equipo. Desde la etapa del “Traductor”, pasando por Martos y ahora con Yllana, hay una constante: la exigencia por una identidad de juego que no termina de consolidarse del todo.
Es cierto que, en comparación con años anteriores, este San Martín muestra algunos matices más atractivos. Se lo ve, por momentos, un poco más vistoso. Pero también es cierto que hoy cuenta con un plantel de mayor jerarquía, lo que eleva la vara de lo que se espera dentro de la cancha. Y ahí es donde aparece la brecha entre lo que el equipo ofrece y lo que el hincha pretende.
Por eso, a pesar de los buenos resultados, del respaldo institucional y de un plantel competitivo, el termómetro de la gente sigue marcando dudas. El hincha se va de la cancha “silbando bajito”, con la sensación de que todavía falta ese plus. Porque a este San Martín, que suma y pelea, todavía le falta “cinco para el peso” para terminar de convencer.