a imagen duelo, la imagen preocupa. Independiente perdió más que un partido frente a Atlético Tucumán. Porque lo hizo jugando mal. Porque lo hizo evidenciando que tiene un plantel corto, que las variantes no están a la altura y que los titulares están sintiendo en cansancio por la gran cantidad de encuentros que vienen teniendo en la temporada. El 0-2 es un golpe duro, ya que suma un nuevo duelo sin ganar y lo complicó en el objetivo de finalizar primero en la Zona B del Torneo Apertura.
La necesidad de repartir las cargas y evitar mayores contratiempos en medio de un calendario bien apretado, Julio Vaccari tomó la determinación de cuidar jugadores, poner un mix en el Norte y no exponer a todos los titulares, tal como había hecho en el empate contra Lanús después de la visita a Nacional Potosí. Los cambios afectaron al equipo, los cambios dañaron la idea y también el objetivo de sacar un resultado positivo para alcanzar otra vez la cima.
Las ausencias obligadas de Pablo Galdames, Gabriel Ávalos (ambos desgarrados) y Luciano Cabral (vio la roja ante Deportivo Riestra), sumado a la postura de cuidar a Sebastián Valdéz, Álvaro Angulo, Iván Marcone y Lautaro Millán, hicieron que el Rojo perdiera la identidad que supo forjar desde la llegada del entrenador. Los que ingresaron (Franco Paredes, Adrián Sporle, Fernández, Cedrés, Federico Mancuello, Santiago Hidalgo y Matías Giménez Rojas) no estuvieron a la altura, sintieron la falta de ritmo de juego y estuvieron apagados.